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Mantener el cerebro en forma no depende de pastillas ni soluciones rápidas

  • 21 feb
  • 2 Min. de lectura

En los últimos años han proliferado en internet productos que prometen mejorar la memoria y “rejuvenecer” el cerebro, desde suplementos nutricionales hasta supuestos ejercicios milagrosos. Sin embargo, la evidencia científica apunta en otra dirección: la salud cerebral se construye con hábitos sostenidos en el tiempo, no con fórmulas inmediatas

Mantener el cerebro “joven” no depende de tomar suplementos ni de realizar ejercicios milagrosos

Según una encuesta realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en 2021, cuatro de cada diez españoles consumen suplementos destinados a mejorar la memoria. Pese a su popularidad, los especialistas advierten que estos productos no sustituyen un estilo de vida saludable.


La neuróloga Lucía Vidorreta Ballesteros, especialista del Hospital Quirónsalud San José, insiste en que la protección de la función cognitiva depende de factores cotidianos: descanso adecuado, ejercicio regular, aprendizaje continuo, interacción social y una alimentación equilibrada.


Dormir bien: un pilar clave

El sueño cumple funciones esenciales para el cerebro. Durante el descanso nocturno se consolidan los recuerdos, se eliminan productos de desecho metabólico y se regulan procesos emocionales. Dormir poco o mal de manera crónica se ha relacionado con mayor riesgo de deterioro cognitivo y problemas neurológicos.


“Numerosos estudios muestran que la falta de sueño sostenida impacta negativamente en la memoria y en la salud cerebral a largo plazo”, subraya la especialista.


Movimiento para proteger las neuronas

La actividad física es uno de los factores neuroprotectores más sólidos identificados por la investigación. El ejercicio mejora la circulación cerebral, favorece la formación de nuevas conexiones neuronales y reduce el riesgo de demencia.

No es necesario realizar entrenamientos extremos: caminar a buen ritmo de forma habitual ya aporta beneficios significativos.


Aprender y socializar, estímulos esenciales

El cerebro también necesita desafíos intelectuales. Incorporar aprendizajes nuevos —como estudiar un idioma, practicar música o desarrollar habilidades distintas— contribuye a mantener activas las redes neuronales.


A ello se suma la importancia del vínculo social. La interacción con otras personas activa múltiples áreas cerebrales y ayuda a reducir el estrés. Por el contrario, el aislamiento social se ha asociado con mayor riesgo de deterioro cognitivo.


Alimentación equilibrada, sin mitos

En cuanto a la dieta, la neuróloga aclara que no existen alimentos “milagro”. Lo recomendable es seguir un patrón equilibrado, con abundancia de frutas, verduras y pescado, y limitar el consumo de ultraprocesados y azúcares.


Los suplementos solo resultan útiles cuando existe un déficit comprobado y bajo indicación médica. La evidencia científica no respalda el consumo indiscriminado de pastillas para la memoria ni la práctica aislada de juegos mentales sin cambios globales en el estilo de vida.


Pequeños cambios, gran impacto

“La ciencia demuestra que el cerebro se cuida con hábitos, no con modas”, afirma la Dra. Vidorreta. Mantener rutinas saludables, estimular la mente y acudir a revisiones preventivas

en neurología puede marcar la diferencia.


Además, recuerda un mensaje alentador: el cerebro conserva capacidad de cambio a lo largo de toda la vida. Por ello, nunca es tarde para comenzar a adoptar medidas que favorezcan la salud cognitiva.


Conclusión

La preservación de la función cerebral no depende de soluciones rápidas ni de productos comerciales, sino de decisiones diarias sostenidas en el tiempo. Dormir adecuadamente, moverse, aprender, socializar y alimentarse de forma equilibrada constituyen la base real para mantener el cerebro activo y saludable.

📌 Fuente: ConSalud

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